27 de mayo de 2013

Los excesos de Lurhmann

El gran Gatsby (The Great Gatsby, 2013)

Dirección: Baz Luhrmann
Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce; basado en la novela de F. Scott Fitzgerald
Intérpretes: Leonardo DiCarprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Isla Fisher, Joel Edgerton, Callan McAuliffe, Gemma Ward.
Fotografía: Simon Duggan
Música: Varios


Que el cine de Baz Luhrmann es visualmente excesivo no es algo que vayamos a descubrir ahora. Por lo tanto, sería injusto criticar la desmesura que El gran Gatsby derrocha en todos los sentidos porque es -ya lo sabíamos- marca de la casa y no podíamos esperar otra cosa. Sería como reprochar a Tarantino la violencia de uno de sus filmes en concreto o a Almodóvar su estética kitsch. Hay cosas que debemos asumir antes de salir de casa.

El verdadero problema es que nos encontramos ante un intento de repetir la jugada que tan bien le funcionó con Moulin Rouge (2001) pero que aquí no termina de cuajar. La propuesta de Luhrmann se enfrenta a dos enemigos: el primero es Scott Fitzgerald y el segundo, él mismo. La novela en que se basa la película tenía como mejor virtud la sobriedad narrativa, describiendo en los mínimos trazos la compleja psicología de sus personajes, sus acciones y pensamientos. Sin adornos en que apoyarse, era como la tragedia de Gatsby resultaba trágica. Pero Lurhmann no es un hombre que se ande con sutilezas. De esta manera, la prosa exquisita de Fitgerald queda aquí reconvertida en frenéticos subrayados que poco ayudan a tomarnos en serio la historia. Luhrmann parece imitarse a sí mismo en busca de su propio estilo, pero de poco sirven los anacronismos estéticos y rítmicos (mezclando hip-hop, jazz y música pop actual) sin la excusa del drama musical con la que contaba en el filme de Nicole Kidman.

Lo mejor del conjunto acaba siendo un Leonardo DiCarprio en el papel de Gatsby (que ya interpretaron Robert Redford y Alan Ladd, anteriormente) deslumbrante, enigmático y profundo, en contraste con la superficialidad que le envuelve. A DiCaprio, casi infalible desde sus colaboraciones con Scorsese, lo acompañan los correctos Tobey Maguire y Carey Mulligan, en comparación, un tanto fríos pero con algunos matices interesantes.

En definitiva, la película arranca bien pero en seguida se le acaban los fuegos artificiales. A partir de entonces, se ralentiza hasta poner a prueba la paciencia del espectador que, llegados al clímax, ya no tiene fuerzas para emocionarse lo que debiera. Sin embargo, solo el intento es loable y hace que valga la pena su visionado, ni que sea como el que asiste a un experimento fallido. Tal vez en el futuro, Luhrmann encuentre un universo que se le ajuste mejor como en su día sucedió con la shakespeariana Romeo + Julieta (1996).

Recomendado para admiradores del cine basado en el virtuosismo visual. 
No recomendado para los fans de Scott Fitzgerald.

22 de mayo de 2013

Jubilado del futuro

Un amigo para Frank (Robot & Frank, 2012)

Dirección: Jake Schreier
Guión: Christopher D. Ford
Intérpretes: Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler, Susan Sarandon, Peter Sarsgaard, Jeremy Strong, Dario Barrosso.
Fotografía: Matthew J. Lloyd
Música: Francis Farewell Starlite


La versatilidad de un género como la ciencia ficción ha quedado demostrada anteriormente si comparamos películas tan memorables (y distintas) como Blade Runner (1982), Gattaca (1997), El planeta de los simios (1968), la saga de Star Wars o la más reciente Moon (2009). Se trate del más puro espectáculo, como de hacer crítica social, pasando por las reflexiones pseudofilosóficas de hacia dónde vamos y quiénes somos, está claro que las historias del futuro o con elementos tecnológicos han crecido, evolucionado y ampliado su universo y sus propias reglas hasta alcanzar un estatus de generalidad como puede ser el de la comedia o el drama.

Incluso conscientes de todo esto, Un amigo para Frank no deja de ser una grata sorpresa por su madurez, valentía y humildad a la hora de abordar una pequeña historia encuadrada en un género que tiene tendencia a narrar a lo grande. El filme que Jake Schreier ha dirigido con tanta delicadeza y buen gusto explica la relación que establece un anciano con el robot que su hijo le ha regalado para hacerle compañía y ayudarle con las tareas cotidianas. Cabe decir que, si bien cuenta con un buen guión, la cinta no sería lo mismo sin la soberbia composición de personaje que nos ofrece Frank Langella. Gran parte de la melancolía que destila la película (y, en realidad, su punto más fuerte) es mérito del actor, acompañado por unos correctos James Marsden, Liv Tyler y Susan Sarandon.

Como si se tratara de un episodio amable de la serie británica Black Mirror, Schreier sitúa la acción en un futuro no muy lejano (o una alteración de nuestro presente) para subrayar los mismos conflictos emocionales a los que la sociedad y nuestros estilos de vida nos llevan conduciendo desde hace ya algún tiempo. Mezclado con toques de humor y pinceladas de temas clásicos como la soledad, la necesidad de dar sentido a la propia existencia o la búsqueda de la realización personal, el resultado logra el equilibrio perfecto entre fantasía, ternura y una profunda tristeza construida sobre una verosimilitud poco habitual. 

Recomendado para amantes de la ciencia ficción intimista.
No recomendado para adeptos a fuegos de artificio cinematográficos.

13 de mayo de 2013

El morbo minimalista de Park Chan-wook

Stoker (Stoker, 2013)

Dirección: Park Chan-wook
Guión: Wenworth Miller
Intérpretes: Mia Wasikowska, Nicole Kidman, Matthew Goode, Jacki Weaver, Dermot Mulroney.
Fotografía: Chung Chung-hoon
Música: Clint Mansell

Conocido principalmente por su violenta y morbosa "trilogía de la venganza", compuesta por los títulos Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) y Sympathy for Lady Vengeance (2005), el director coreano Park Chan-wook ha levantado una gran expectación (y también cierto recelo) entre sus adeptos con la que es su primera película rodada en Hollywood. El resultado es un thriller familiar cargado de dramatismo que, si bien no decepciona, tampoco es la obra maestra que podría haber sido.

Stoker tiene todos los elementos que una historia de suspense necesita y Chan-wook juega con ellos con maestría. Llena de ecos hitchcockianos, desde el mismo personaje del tío Charlie -homónimo del interpretado por Joseph Cotten en La sombra de una duda (1942)-, hasta ciertas analogías estéticas del universo de Psicosis (1960), el filme es una provocación continua a los sentidos del espectador. El uso de los sonidos y las imágenes potencia la tensión de la atmósfera, el misterio y la sensación de oscuridad emocional de los personajes. Ciertas transiciones no pueden ser más sugerentes, como también toda esa serie de objetos y pequeños detalles que hacen de la cinta un apabullante compendio de maliciosos estímulos.

Los actores también contribuyen a elevar el conjunto, especialmente una espléndida Nicole Kidman algo desaprovechada, del que lo único que falla es el guión (curiosamente, firmado por el protagonista de la serie Prision Break, Wenworth Miller). Se echa en falta un clímax mejor trabajado sobre el papel que cierre las claves que propone con mejor estilo, coherencia y verosimilitud. Por lo demás, la propuesta resulta más que disfrutable, destacando la sutileza de su puesta en escena y la elegante (y enfermiza) narración que, pese a los fallos de guión, no decae en ningún momento.

Recomendado para los seguidores de Park Chan-wook y amantes del thriller de fino paladar.
No recomendado para maniáticos de la verosimilitud y los guiones perfectos.

4 de mayo de 2013

Superficial pastiche colorista

Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful, 2013)

Dirección: Sam Raimi
Guión: Mitchel Kapner y David Lindsay-Abaire; basado en la novela de L. Frank Baum
Intérpretes: James Franco, Mila Kunis, Michelle Williams, Rachel Weisz, Zach Braff, Abigail Spencer, Joey King, Tony Cox.
Fotografía: Peter Deming
Música: Danny Elfman

Siempre es triste asistir al adiestramiento de una personalidad fuerte del cine a merced de la industria de Hollywood, aunque no sea éste el primer caso (ni el último) y ya estemos acostumbrados. Los distribuidores de Oz, un mundo de fantasía han tenido la torpeza de hacerla coincidir en salas con el remake de la ópera prima de Sam Raimi, Posesión infernal (1981). De esta manera, nos resulta imposible olvidar que el director de este pastiche multicolor y con poco espíritu, basado en el universo de L. Frank Baum, es también quien en su día dirigió la salvaje, divertida, fresca y desacomplejada película gore que inauguró la saga protagonizada por Bruce Campbell.

A años luz de aquella maravilla de sangre y vísceras, se encuentra esta especie de homenaje, en modo precuela, de la mítica cinta de Victor Flemming, El mago de Oz (1939), donde la mano de Raimi brilla por su ausencia. La secuencia de créditos inicial es prometedora pero el prólogo no tarda en enseñar la verdadera cara del filme que, demasiado pronto, se vuelve lento, maniqueo, superficial y sobrecargado de buenas intenciones. La llegada al mundo de Oz (y su salto al virtuosismo technicolor) es ridícula si la comparamos con la poética entrada que en su día protagonizó Judy Garland a la tierra más allá del arcoíris. Pero, comparaciones aparte, el problema radica en que la historia no  va mucho más lejos de lo ya conocido ni termina de emocionar ni entretiene lo suficiente. El Oz de James Franco no es el embaucador que tratan de vendernos y eso es algo que su carisma no puede salvar. Los personajes de las brujas no soportan la alargada sombra del reciente y exitoso musical Wiked que había conseguido enriquecerlos y llenarlos de aristas y matices, mientras que aquí no son más que una mera pose estética. Por su parte, los secundarios encargados de acompañar a nuestro héroe (el mono y la niña de porcelana), francamente, no aportan nada.

El caso es grave si tenemos en cuenta que el traspiés es muy similar al que Tim Burton tuvo con su Alicia en el país de las maravillas (2010). Así, Disney reincide en su error y, aunque parece importarle poco, el fantasma del Burton domesticado sobrevuela este Oz kitsch con la música de Danny Elfman, un James Franco jugando a ser Johnny Depp y unos desaprovechados munchkins muy al estilo Oompa Loompa de la también burtoniana Charlie y la fábrica de chocolate (2005).

Por todo esto, desgraciadamente, el producto final está más cerca de la serie Once upon a time o de ejercicios estilísticos como Blancanieves (Mirror, mirror, 2012) que de la infravalorada e interesantísima Oz, un mundo fantástico (Return to Oz, 1985) de la propia Disney, cuya oscuridad habría podido brillar heredada en las manos de Raimi. 

Recomendado para los adictos del mundo de Oz que la acepten como simple metadona.
No recomendado para los incondicionales del musical Wiked. Se decepcionarán.

28 de abril de 2013

Realismo spielbergiano

Lo imposible (The Impossible, 2012)

Dirección: Juan Antonio Bayona
Guión: Sergio G. Sánchez
Intérpretes: Naomi Watts, Ewan McGregor, Tom Holland, Geraldine Chaplin, Oaklee Pendergast, Samuel Joslin, Marta Etura. 
Fotografía: Óscar Faura
Música: Fernando Velázquez


Cuando la ópera prima de un director novel consigue el  éxito de crítica y público que obtuvo El orfanato (2007), realizar un segundo largometraje se convierte en un reto algunas veces insalvable. Juan Antonio Bayona, valiente y tenaz, no se dejó amedrentar por la presión y, aunque pasaron cinco años entre ambas, parece que la espera le valió la pena.

Lo que propone Lo imposible es la pequeña historia de una familia en medio de la gran tragedia que fue el tsunami que en 2004 arrasó el sur este de Asia. Como ocurre en el cine de Spielberg, al que aquí se le roba el alma narrativamente, los valores familiares, las emociones por encima de la verosimilitud y la lucha contra la adversidad (con recompensa final incluida) inundan la película de principio a fin con la intención de no dejar indiferente a nadie. Parece que, basándose en hechos reales, Bayona ha empatizado hasta tal punto con su historia que pretende que sintamos el sufrimiento de los personajes en primera persona. El tono hiperralista de la primera parte del filme roza el sadismo y, sin embargo, es esa capacidad de salpicarnos en la cara con el dolor de la catástrofe, sin duda, su mejor virtud.

A nivel técnico, no tiene nada que envidiar a los blockbusters norteamericanos de alto presupuesto. Bayona orquesta una aventura visual apabullante donde demuestra una maestría sorprendente para un director con todavía muy poco currículum a sus espaldas. Naomi Watts es la heroína perfecta de este viaje terrible y agónico para el espectador, sin tregua hasta el respiro final. Así como un excelente Tom Holland que encarna al jovencísimo héroe de la película (eclipsando, en parte, a Ewan McGregor) que luchará hasta el final por su familia. 

En el momento de su estreno, se habló de decenas de desmayos durante la proyección. Quizás fuera algo exagerado o tan solo una estrategia de marketing. Lo que está claro es que Lo imposible no se corta en su afán de impresionar, emocionar, aterrorizar y entretener; apoyándose en su historia pero traicionándola también con algunas maniobras efectistas. Es cierto que se le puede reprochar cierto aire de manipulación, pero siempre bajo la premisa de que lo que tenemos ante nuestro ojos es cine en estado puro.

Recomendado para los que quieran dejarse abrumar por un tsunami de emociones hiperrealista.
No recomendado para espectadores muy aprensivos o demasiados sensibles. 

24 de abril de 2013

El arte de la creación literaria

En la casa (Dans la maison, 2012)

Dirección y guión: François Ozon
Intérpretes: Fabrice Luchini, Ernst Umhauer, Kristin Scott Thomas, Emmanuell Seigner, Diana Stewart, Jean-François Balmer, Yolanda Moreau, Bastien Ughetto, Denis Ménochet.
Fotografía: Jérôme Alméras
Música: Philippe Rombi


Los tránsitos entre el cine y la literatura, las dos grandes formas de creación de historias, siempre han sido complejos. La literatura ha gozado desde el principio de mejor fama que el cine y todavía hoy le tiene la batalla ganada con el eterno prejuicio de que la adaptación de una novela en película nunca va a dar la talla. Quizás por ese motivo, los filmes que tratan sobre escritores ficticios tienden a ser acerca de guionistas, véase las magnificas Barton Fink (1991) o Adaptation (2002), por citar dos ejemplos.

Afortunadamente, existen deliciosas excepciones a ese complejo del séptimo arte frente a la escritura, como esta cinta sobre la relación entre un profesor y su alumno adolescente con un talento especial para escribir; un don que al veterano maestro (Fabrice Luchini) le encantaría tener y no tiene. En la casa aborda, de esta manera, el jugoso universo de la creación literaria, con todos sus trucos, trampas y juegos expositivos sin perder un ápice de cinematográfica. François Ozon demuestra un dominio especial de la imagen, todo el tiempo emocionalmente cerca de sus personajes, así como del siempre difícil uso de la voz en off que, ciertamente, no podía estar mejor empleada.

Basada en la obra de teatro El chico de la última fila de Juan Mayorga, resulta sorprendente hasta qué punto se puede hacer gozar al espectador de la experiencia de ser manipulado. Lo más interesante de la película son, sin duda, las grietas entre realidad y ficción que nunca llegan a resolverse. El público (que seguramente se sienta como un lector) es tratado como un observador inteligente, capaz de resolver por sí mismo lo que Ozon decide dejar en el aire. 

Los toques del cine de Woody Allen, incluso de Hitchcock (con cierto aire de parodia), demuestran, sin que el resultado pierda personalidad, que los referentes son de altura. Además, la química entre los actores es insuperable y hacen brillar los ingeniosos diálogos del guión de Ozon. Finalmente, no podemos pasar por alto el estudio que indirectamente se hace de las clases sociales francesas, así como de las relaciones entre compañeros de colegio, padres e hijos, profesores y alumnos y maridos y mujeres, en general, con una riqueza psicológica que hace del conjunto un retrato casi perfecto de la sociedad en que vivimos.

Recomendado para los que disfruten del difícil arte de la narración literaria en términos cinematográficos.
No recomendado para espectadores que no acepten que la ambigüedad es, a veces, el verdadero relato.

14 de abril de 2013

Ridiculez insustancial

Oblivion (Oblivion, 2013)

Dirección: Joseph Kosinski
Guión: Joseph Kosinski, William Monahan, Michael Arndt y Karl Gajdusek.
Intérpretes: Tom Cruise, Nikolaj Coster-Waldau, Morgan Freeman, Olga Kurylenko, Zoe Bell, Melissa Leo, Andrea Riseborough.
Fotografía: Claudio Miranda
Música: M83

No hay nada peor en una película que la pretensión de ser sustancial sin contar con sustancia alguna. Éste es el problema principal de Oblivion, el último intento de Tom Cruise de recuperar su gancho en las taquillas de todo el mundo. El género de la ciencia ficción ha dado lugar a numerosas obras maestras a lo largo de los años, pero también demasiados fiascos en todos los sentidos. Es un género capaz de darnos lo mejor y lo peor, según quien se encuentre detrás de las cámaras. De Joseph Kosinski, al que solo conocíamos por haber dirigido Tron: Legacy (2010), tampoco podíamos esperar mucho. Sin embargo, es difícil imaginar un producto peor de lo que finalmente es Oblivion.

Cabían dos opciones: optar por el entretenimiento puro, con escenas de acción trepidante y espectaculares efectos especiales o, al contrario, decantarse por un ritmo más pausado que diera lugar a una reflexión sobre nuestra sociedad y el futuro que nos espera. Desgraciadamente, el resultado es una historia híbrida entre ambas posibilidades que no funciona como pasatiempo, puesto que aburre sobremanera, ni mucho menos como reflexión. Parece mentira que, basándose en su propia novela gráfica, le haya salido a Kosinski un filme tan insulso e impersonal.

El argumento versa en torno al personaje de Jack Harper (omnipresente y nunca antes menos carismático Tom Cruise), un ingeniero especializado en alta tecnología que trabaja en una operación para extraer los recursos vitales de la Tierra. El planeta está devastado por una guerra que tuvo lugar hace 60 años y Harper, junto a su amante y compañera Victoria (Andrea Riseborough), parecen ser los únicos habitantes que quedan por allí. Así que la primera parte de la película no es más que una colección de postales de un Nueva York asolado por el cataclismo que, a pesar de ser un recurso ya muy visto, termina por ser lo mejor del conjunto. A partir de entonces, empieza un torbellino de giros argumentales que se van superando unos a otros en su ridiculez y falta de ideas propias. Oblivion pretende esconder sus carencias apoyándose en referentes de alto nivel y supuestos homenajes a 2001: Una odisea del espacio (1968), El planeta de los simios (1968), La guerra de las galaxias (1977), Moon (2009) o incluso Wall-e (2008). Pero la suma de todos ellos no hace otra cosa que acabar de hundir la cinta por exceso de equipaje. 

Recomendado para amantes de la ciencia ficción capaces de tragarse cualquier cosa.
No recomendado para espectadores con un mínimo de exigencia en cuanto a profundidad, mensaje o entretenimiento.

7 de abril de 2013

La madurez de Tarantino

Django desencadenado (Django unchained, 2012)

Dirección y guión: Quentin Tarantino
Intérpretes: Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson, Kerry Washington, Don Johnson, Franco Nero.
Fotografía: Robert Richardson
Música: Varios

Pasados ya 20 años desde el estreno de su ópera prima, Reservoir Dogs (1992), Tarantino sigue dividiendo al publico en dos bandos bien diferenciados: sus acérrimos fans de toda la vida y los detractores que nunca han conseguido  cogerle el gusto. Siempre con el viejo debate de fondo sobre las implicaciones de la violencia en el cine, está claro que la postura del director de Pulp Fiction (1994) tampoco ha cambiado. Para Tarantino, la violencia sigue siendo pura diversión cuando se trata solo de una película. "Es una fantasía. Es divertido. La ves y te vas", decía en una entrevista reciente. Pero lo cierto es que, aunque el afán de entretener sigue presente, muchos aspectos en Django desencadenado denotan la mano de un director que está alcanzando una cierta madurez en su carrera.

La historia del esclavo negro convertido en cazarrecompensas interpretado por Jamie Foxx es probablemente la propuesta más adulta de Tarantino hasta la fecha. Ya no estamos ante los rompecabezas narrativos de sus primeros filmes, ni ante las frívolas secuencias de acción de serie B de la lamentable Kill Bill: Volúmen 1 (2003). Podemos decir que Malditos bastardos (2009) fue el punto de inflexión que ahora se reafirma en la apuesta por la linealidad del guión (ganador del Oscar) o por las largas secuencias de diálogos sin chistes explícitos. El humor de Tarantino, antes omnipresente en los constantes chascarrillos de los gángsters charlando sobre Madonna o la comida basura en Europa, han dejado paso a una ironía mucho más sutil. Si bien todavía existen momentos de brillante comicidad (por ejemplo, la escena del Ku Klux Klan), el conjunto es más un compendio de homenajes al spaghetti-western donde la diversión está en la forma. El uso de la música rap, los constantes zooms o el exceso de sangre en las muertes son ahora los chistes de este camino a la sofisticación.

El Tarantino actual toma la figura de Django (personaje de segunda) y lo erige héroe racial capaz de protagonizar secuencias muy parecidas a las del William Munny de Sin perdón (1992). Pero, no nos engañemos, Tarantino no es Clint Eastwood y su reflexión sobre la violencia nada tiene que ver, para empezar porque en Tarantino no existe reflexión ninguna.

Lo mejor, en definitiva, es un reparto de estrellas pasándoselo en grande, desde un inconmensurable Christoph Waltz a un Leonardo DiCaprio excesivamente delicioso. Y aunque le sobra metraje, su larga duración es un defecto perdonable, puesto que la historia tiene (esta vez sí) el peso necesario para que aguantemos hasta el final. Y sí, se le puede acusar de trivializar con el tema de la esclavitud, pero no más que lo que trivializaría el tema un dibujante de cómics.

Recomendado para los viejos y nuevos adeptos a Tarantino.
No recomendado para quienes rechacen cualquier forma de violencia en el cine.

31 de marzo de 2013

Barcelona apocalíptica

Los últimos días (2013)

Dirección y guión: Àlex Pastor y David Pastor
Intérpretes: Quim Gutiérrez, José Coronado, Marta Etura, Leticia Dolera, Iván Massagué.
Fotografía: Daniel Aranyó
Música: Fernando Velázquez

Que el cine español ha logrado en los últimos años (lustros más bien) desacomplejarse en cuanto a sus historias y madurar comercialmente, en la línea de, por ejemplo, el cine francés, es ya más que un hecho. Atrás ha quedado el estereotipo de cine social o de películas sobre la guerra civil que si bien todavía existen (porque así debe ser), ya no son la mayoría. 

La valentía tanto de los productores como de los cineastas llevando a la gran pantalla filmes de gran presupuesto y géneros (y subgéneros) variopintos y arriesgados han roto la barrera psicológica que le negaba credibilidad a ciertas historias. El principal logro de los hermanos Pastor es, por un lado, situarnos en una Barcelona devastada, incluyendo sin ningún rubor lugares emblemáticos, estaciones de metro concretas, calles y edificios integrándolos en la aventura de los protagonistas como haría de forma natural un cineasta americano si el escenario fuera Nueva York. Por otra parte, tomarse en serio lo que nos están contando. Por mucho que no estemos acostumbrados, es Barcelona y no es una parodia. En ese sentido, tienen ganado el pulso con el espectador desde el minuto uno.

Los últimos días no tiene nada que envidiar a ninguna película estadounidense de temática similar y, en cambio, sí mucho de lo que presumir. Para empezar, cuentan con unos actores totalmente entregados a la causa, tanto física como emocionalmente, destacando a José Coronado que sorprendentemente se ha convertido con el tiempo en el gran actor que nadie esperaba que fuese nunca. También juega a favor un guión firme pero sutil, con un misterioso punto de partida que funciona mejor cuanto menos se explica y una narración en flashbacks clásica pero elegante. Finalmente, la voluntad de hablar de nosotros mismos, de nuestro mundo (el nuestro, no uno inventado) derrumbándose ante nuestros ojos y de poner en tela de juicio a los políticos, los medios de comunicación, incluso a nuestros propios vecinos le otorga agudeza y profundidad a un producto que fácilmente hubiera podido quedarse en un superficial compendio de escenas de acción e imágenes sugerentes. 

Aunque en conjunto la película no es perfecta, aguanta bien el ritmo y salva hasta los momentos más inverosímiles como el ejército ninja del Gran Via 2. Ni siquiera ese epílogo azucarado, innecesario y masticado consigue estropear la sensación de haber presenciado un fantástico espectáculo tan enorme como cercano, universal y, sin embargo, hecho en casa.

Recomendado para desacomplejados de mente abierta al cine español de género.
No recomendado para los que no crean en el amor como motor de una historia.

23 de marzo de 2013

Terror emocional

Mamá (Mama, 2013)

Dirección: Andy Muschietti
Guión: Neil Cross, Andy Muschietti y Bárbara Muschietti.
Intérpretes: Jessica Chastain, Nikolaj Coster-Waldau, Megan Charpentier, Isabelle Nélisse, Daniel Kash.
Fotografía: Antonio Riestra
Música: Fernando Velázquez

El salto del corto al largo no es un camino fácil en ningún género pero, en cualquier caso, siempre va bien tener un buen padrino. Guillermo del Toro decidió apostar fuerte por el argentino Andy Muschietti que presentaba ya sus credenciales (a modo de currículo) en su sobrevalorado cortometraje Mamá (del que ha surgido la película). Aquel trabajo, impactante y bien resuelto, parecía más un tráiler del filme que ahora nos ocupa que no una obra en sí misma. Lo que Guillermo del Toro vio probablemente en esa breve pieza fueron las posibilidades de una idea y un cierto criterio estético a explotar.

Finalmente, Mamá (el largometraje) ha resultado caminar sobre una historia bastante sólida, un guión coherente con sus personajes y menos trampas de las habituales del género. Sin embargo, en tanto que no nos toman el pelo, tampoco termina de ser una película demasiado innovadora. El hecho de que no se juegue todas sus cartas a un final sorpresa es, no obstante, de agradecer.

Muschietti ha decidido que los personajes (femeninos) son la mejor baza de su película. Y así es. Jessica Chastain borda el papel de madre por sorpresa y lo llena de carisma y personalidad. También las dos niñas (especialmente, la pequeña) están espléndidas: tiernas o espeluznantes, según convenga. Por su parte, Nikolaj Coster-Waldau hace todo lo que puede, aunque parece que no se le ha permitido formar parte de la fiesta todo lo que él hubiese querido.

Así las cosas, esta apuesta por el reverso tenebroso del amor de madre, triunfa en lo emocional y eso la salva. Pero algunos giros de guión (por ejemplo, ciertas muertes) son demasiado previsibles y el abuso de los recursos baratos de cine de terror norteamericano (es decir, los sustos forzados por la música) le restan credibilidad. Se notan, por otra parte, las influencias del cine japonés (incluso del manga) y de películas españolas como El orfanato, El espinazo del diablo o Los otros. Desgraciadamante, al menos de momento, Muschietti no es Bayona, del Toro ni Amenábar.

Recomendado para los amantes del cine de terror con una fuerte carga emocional.
No recomendado para aquellos que odien toda historia que huela a blockbuster.