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23 de junio de 2015

Nostalgia jurásica

Jurassic World (Jurassic World, 2015)

Dirección: Colin Trevorrow
Guión: Colin Trevorrow, Rick Jaffa, Amanda Silver, Derek Connolly, 
Intérpretes: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Vincent D'Onofrio, Jake Johnson, Judy Greer, Irrfan Khan, Ty Simpkins, Omar Sy
Fotografía: John Schwartzman
Música: Michael Giacchino
★★★★★

Aunque la banda sonora, en esta ocasión, no ha sido compuesta por John Williams, inevitablemente, el mítico tema del original Parque Jurásico (1993) ha sido incluido e integrado en forma de homenaje por el compositor sustituto: Michael Giacchino. No queda claro si por exigencias de los productores o por iniciativa propia con ánimo de contentar a los fans o de homenajear al maestro pero el caso es que su trabajo, siendo bastante bueno, queda supeditado al ya conocido por todos. Este pequeño detalle resume, en realidad, lo que es, en su conjunto, Jurassic World: una entretenida cinta de aventuras a medio camino entre el tributo nostálgico y la dependencia a una mitología demasiado icónica. Puede que su director, Colin Trevorrow, no haya tenido demasiado margen de maniobra o, simplemente, no ha considerado necesario llevar la película mucho más lejos del punto de partida primigenio. 

Las grandes novedades de la presente entrega son la apertura definitiva del parque, la creación de un dinosaurio más grande y temible diseñado con ingeniería genética y la domesticación de los velociraptores. Todo eso da un aire de renovación muy saludable a la franquicia y permite que la acción, las persecuciones y los gritos vuelvan a tener fuerza y frescura. De esta manera, aunque las referencias al trabajo de Spielberg son constantes, el filme no por eso deja de funcionar, de ser totalmente disfrutable, divertido, emocionante y, por pequeños giros de guión, hasta sorprendente. 

La ochentera pareja que forman el carismático Chris Pratt (postulándose más que nunca como nuevo Indiana Jones) y la fantástica Bryce Dallas Howard (la verdadera protagonista) hacen el trepidante viaje mucho más confortable. Su relación, basada en la vieja fórmula del conflicto por tensión sexual y lucha de géneros, da tan buen resultado como lo ha dado siempre. Lo mismo sucede con la pareja de niños, también tan spielbergianos: hijos de familia desestructurada que unen sus fuerzas frente a la adversidad.

Por todo esto, es casi imposible que defraude a los fanáticos de la saga, ya que, aunque innova poco, ofrece todo lo que se espera de ella y, además, con una factura magnífica, un guión decente y una dirección perspicaz. Si a eso le sumas detalles de genialidad como la alusión a Los pájaros (1961) de Hitchcock, su ironía autorreferencial y los tacones de Dallas Howard, ya tienes el éxito del verano.

Recomendado para adeptos a la nostalgia jurásica y al cine de aventuras clásico.
No recomendado para los que nunca disfrutaron del universo de esta franquicia.

5 de enero de 2014

Surrealismo a toneladas

La espuma de los días (L'écume des jours, 2013)

Dirección: Michel Gondry
Guión: Michel Gondry y Luc Bossi
Intérpretes: Audrey Tautou, Romain Duris, Gad Elmaleh, Omar Sy.
Fotografía: Christophe Beaucarne
Música: Étienne Charry
★★★★★

La adaptación de una novela como La espuma de los días, escrita por Boris Vian en 1947, era una gesta cinematográfica solo al alcance de la imaginación de unos pocos artesanos como Terry Gilliam, Jean-Pierre Jeunet o el propio Gondry; finalmente, el único que ha tenido la osadía de llevarla a cabo. Calificada por muchos como adaptación imposible, el director de La ciencia del sueño (2006) ha optado por el máximo respeto y la literalidad, trasladando a imagen prácticamente todo lo que se menciona en el libro. El resultado es un impresionante trabajo de dirección artística basado en la poderosa inventida de Gondry y su habilidad con el stop motion y las manualidades. 

Sin embargo, asistir a tal despliegue de surrealismo, en el que, prácticamente, en cada plano se realizan actos imposibles con absoluta normalidad, deja al espectador fuera de juego la mayor parte del visionado. No hay tiempo para digerir la belleza y el ingenio de cada detalle que se nos muestra. Gondry ha preferido no descartar nada, quizás por un miedo exagerado a traicionar el material. De esta manera, el filme se ahoga en una rebosante colección de ocurrencias, muchas de las cuales acaban pasando desapercibidas por exceso de información.

Entre el espíritu festivo de George Meliès y la melancolía de Spike Jonze, probablemente, ésta sea la película más ambiciosa de Gondry. Y, de hecho, si juzgamos estrictamente la traslación de las palabras a la pantalla, es, sin duda, su mejor trabajo. O, por lo menos, el más arduo. No obstante, la cinta, al proponer una solución visual a cada una de las ideas de Boris Vian, elimina todo espacio para la imaginación del espectador. Todo y con eso, es imposible terminar el visionado y marcharse con las manos vacías. Afortunadamente, algunas de las secuencias llegan a calar muy hondo; sobre todo, en el tramo final, tan oscuro, hermoso y desesperanzado como, a veces, la propia vida.

Recomendado para curiosos y/o amantes de los universos de Vian y Gondry.
No recomendado para mentes racionales con tendencia a la depresión.