8 de febrero de 2014

Dolor invisible

La herida (2013)

Dirección: Fernando Franco
Guión: Fernando Franco y Enric Rufas
Intérpretes: Marián Álvarez, Rosana Pastor, Manolo Solo, Andrés Gertrudix, Ramón Agirre, Ramón Barea
Fotografía: Santiago Racaj

La tendencia a abordar las películas sobre trastornos emocionales desde una óptica moralizante o con intención aleccionadora es un vicio cinematográfico del que solo algunos pocos logran escapar. La herida, del debutante Fernando Franco, es una de esas gratas excepciones con un pulso lo bastante firme como para exponer un caso con la frialdad necesaria para que el espectador saque sus propias conclusiones. La cinta narra la historia de Ana, una chica de 28 años con un trastorno límite de personalidad que le provoca serios problemas para relacionarse y cuyo único refugio es su trabajo en un servicio de ambulancia. Interpretada por una Marián Álvarez en estado de gracia, el director nos introduce de lleno (y sin consideración) en la espiral de autodestrucción de la protagonista, incapaz de escapar, por mucho que lo intente, de su propia infelicidad.

Angustiosa y deprimente, pero brutalmente honesta, lo mejor del filme es todo lo que no se nos cuenta. Nunca llegamos a saber qué es lo en realidad ocurre en el interior de Ana, ni cuál es el origen de esa herida del título (aunque podríamos intuirlo en la escena con su padre); ni por qué todos los personajes de su alrededor la tratan con ese desdén, miedo, rencor, distancia o condescendencia. Lo único que podemos deducir es que hay mucho dolor en todos ellos, consecuencia, probablemente, de toda una serie de situaciones a las que nosotros no hemos sido invitados.

Es en ese inquietante umbral entre saber y no saber donde nos sitúa Franco para explicarnos con gran destreza la incertidumbre y frustración con la que tiene que lidiar todos los días nuestra malograda heroína. Hiperrealista en su estilo visual, son pocos los momentos de tregua para el público, por lo que, para algunos, podría resultar una propuesta difícil y bastante dura. Sin embargo, por su valentía y crudeza, su excelente planificación y sus maravillosos intérpretes vale la pena hacer el esfuerzo. Además, es una de esas obras con un abanico lo bastante amplio de lecturas como para generar un debate tras el visionado, lo cual es muy necesario hoy en día y siempre enriquecedor. 

Recomendado para quienes no tengan miedo de mirar la depresión a la cara.
No recomendado para quienes puedan identificarse demasiado con la protagonista.

29 de enero de 2014

Obscena diversión

El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2013)

Dirección: Martin Scorsese
Guión: Terence Winter; basado en el libro de Jordan Belfort.
Intérpretes: Leonardo DiCarprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Jean Dujardin, Kyle Chandler, Rob Reiner, Jon Favreau.
Fotografía: Rodrigo Prieto
Música: Howard Shore

Igual que en otros tiempos la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial marcaron a toda una generación de cineastas a la hora de abordar sus historias (o la Guerra Civil para los directores españoles), la crisis económica ha empezado ya a dejar su huella en muchas de las películas actuales como Inside Job (2010), Margin Call (2011) o El capital (2012), entre otras. La gran novedad del último filme de Scorsese es la alegría con la que se pone de parte de los "chicos malos", mostrándonos sin ningún rubor la desfachatez de sus acciones para, en lugar de indignarnos, hacernos disfrutar como nunca. El director de Taxi Driver (1976) rueda con una libertad, una precisión y un ritmo asombrosos las batallitas del broker Jordan Belfort, encarnado por un inconmensurable Leonardo DiCaprio, clarísimo merecedor de un Oscar por este trabajo.

Basado en el libro de memorias del propio protagonista, la cinta es pura diversión. Huye de cualquier mensaje moralista, reflexión crítica o impostura ética para convertir en el mejor humor los excesos, la avaricia, la obscenidad y la total falta de escrúpulos de este grupo de corredores de bolsa que bien podrían ser los mafiosos de Uno de los nuestros (1990) vistos desde un ángulo distinto. El lobo de Wall Street está plagada de impagables secundarios de lujo, desde el roba-escenas Matthew McConaghey, brillante y evocador, hasta la gran revelación que supone Jonah Hill, postulándose para ser el nuevo Joe Pesci.

Por todo esto, lo mejor de la película es el sello inconfundible de Scorsese que ha sabido, con los años, perfeccionar su técnica y estilizar su marca y sus obsesiones; esta vez, además, descubriéndonos sus insólitas dotes para la comedia más adrenalínica (aunque, por momentos, también sofisticada). Las tres horas de metraje avanzan a la velocidad del rayo y, sin renunciar en ningún momento al entretenimiento, nos deja momentos memorables (como el retorno a casa drogado de DiCaprio con el coche desde una milla de distancia) y también unas extrañas ganas de esnifar cocaína.

Sin embargo, entre tanta histeria, no hubiese sobrado hacer algo más de pie en el lado más oscuro de la colección de despropósitos que se nos narran. Los muertos (por sobredosis o suicidio) se pasan demasiado por alto y, por lo demás, no existe cuestionamiento alguno ni de sus comportamientos ni del sistema que lo permite. En cambio, sí que se dedica el plano final a las caras de los asistentes a una charla de Belfort (a modo de espejo del público en las butacas del cine) deseando con ansia poder llegar a ser como él. Este detalle en el desenlace es algo banal y, puestos a juzgar a alguien, ligeramente injustificado. No obstante, no parece que criticar las estructuras económicas neoliberales sea la intención en este caso (otra vez será), por lo que, si se le perdona eso, la diversión está asegurada.

Recomendado para los que sean capaces de reírse con los culpables de todo.
No recomendado para moralistas, recatados éticos o enemigos del neoliberalismo simpático.

19 de enero de 2014

El fracaso según los Coen

A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013)

Dirección y guión: Ethan Coen y Joel Coen
Intérpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Garrett Hedlun, Justin Timberlake, F. Murray Abraham
Fotografía: Bruno Delbonnel
Música: Varios

Tienen los hermanos Coen la extraña cualidad de crear historias sobre personajes antipáticos, rompiendo unas cuantas leyes no escritas de los guionistas de Hollywood, y conseguir que se ganen con su hostilidad el cariño de los espectadores. A propósito de Llewyn Davis es una muestra más del pesimismo existencial que se respira en cualquier obra de los directores de Fargo (1996). En esta ocasión, el drama versa sobre la miserable vida de Llewyn Davis, un músico de folk con mucho talento que, sin embargo, jamás logra alcanzar el éxito; ni siquiera lo justo como para ganarse la vida. De forma cruel e irónica, pero también realista y muy sensata, presentan esta odisea de un fracaso en la que vemos al peculiar artista dejar escapar, no en pocas ocasiones, la oportunidad de vencer frente a las adversidades.

Lo más interesante del filme es esa inflexibilidad ética del protagonista en cuanto a su carrera, incapaz de adaptarse lo más mínimo a la realidad profesional que le rodea, en contraposición a su apatía moral hacia los sentimientos de las personas de su entorno. Oscar Isaac encarna con sobriedad y una buena colección de matices a este amargo Llewyn Davis del título, interpretando también con guitarra y voz las canciones que mayormente componen la excelente y bien integrada banda sonora. Le acompañan, además, toda una serie de secundarios como Carey Mulligan, John Goodman o Justin Timberlake que resultan toda una delicia.

Aunque, sobre todo, no podemos olvidarnos de ese gato llamado Ulises, otro fantástico secundario, del que, sin saber por qué, nuestro patético antihéroe es de lo único que parece sentirse responsable. Esa sencilla contradicción, entre otras muchas, es lo que engrandece la cinta y a su personaje principal. Y así, con un compendio de anécdotas pequeñas y adornado con una hermosa fotografía en sepia, los Coen definen con acidez y mucha inteligencia la escena musical del folk de principios de los años 60 y, de paso, la vertiente oculta de una parte de la historia de Estados Unidos. No veíamos un enaltecimiento similar de la tragicómica figura del genio perdedor desde las inolvidables Barton Fink (1991) y Un tipo serio (2009). 

Recomendado para pesimistas existenciales que disfruten de serlo.
No recomendado para los que esperen un bello documento sobre los inicios del folk.

14 de enero de 2014

Miserias del Medio Oeste

Agosto (August: Osage County, 2013)

Dirección: John Wells
Guión: Tracy Letts (basándose en su propia obra teatral)
Intérpretes: Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Chris Cooper, Abigail Breslin, Benedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Margo Martindale, Sam Shepard.
Fotografía: Adriano Goldman
Música: Gustavo Santaolalla

Adaptar al cine una obra de teatro como Agosto, ganadora del Premio Pulitzer en 2008, más que una responsabilidad es un privilegio que, en este caso, se le ha concedido a John Wells. Más conocido como productor de televisión (Urgencias, Shameless...), no sabemos si su escasa experiencia como director cinematográfico le ha llevado a abordar el texto de esta forma modestamente impersonal, dejando a los actores hacer su trabajo, o es que no ha sabido hacerlo de otra manera. En cualquier caso, la falta de implicación formal desde detrás de las cámaras no perjudica la grandiosidad de la historia; el único problema, quizás, es que le impide alcanzar la excelencia; lo cual no es, en realidad, tan grave.

El guión, escrito por el propio Tracy Letts, autor de la obra, ha prescindido de algunas de las tramas más superfluas, especialmente del primer acto, para acortar la duración total y centrarse en lo que de verdad le interesa: las entrañas putrefactas de una familia del Medio Oeste americano. La desaparición del padre (Sam Shepard) es el pretexto dramático por el que los Weston no tienen más remedio que volverse a reunir y el punto de tensión por el que aflorarán todos los conflictos y reproches soterrados por el tiempo.

Turbadora, venenosamente divertida, con momentos emotivos y, en general, llena de desesperanza, el filme es un regalo para los amantes de los buenos diálogos y las grandes interpretaciones. Todos y cada uno de sus intérpretes bordan el rol que les corresponde, colaborando en hacer verosímil la imagen de clan en desgracia que representan. Especialmente, destaca la sobriedad de Ewan McGregor (que sigue mejorando año tras año), la naturalidad de Margo Martindale y el choque entre Julia Roberts (que pocas veces ha estado tan bien) y ese monstruo de la interpretación llamado Meryl Streep. Aunque en una primera impresión pueda parecer excesiva, la actriz ganadora de tres Oscar consigue con una vehemencia consciente que nos cueste imaginar a esa madre enferma y drogadicta interpretada por otra; gran personaje para la eternidad que, además, contiene (a pesar de ese final impostado) el verdadero espíritu de la película.

Recomendado para los que quieran volver a disfrutar de la obra y los que no tuvieron la oportunidad de hacerlo.
No recomendado para los que prefieran mantener cerrado el cajón de los trapos sucios.

13 de enero de 2014

El drama de la rebeldía

15 años y un día (2013)

Dirección: Gracia Querejeta
Guión: Gracia Querejeta y Antonio Santos Mercero
Intérpretes: Tito Valverde, Maribel Verdú, Arón Piper, Belén López, Susi Sánchez.
Fotografía: Juan Carlos Gómez
Música: Pablo Salinas

Partiendo del drama de un adolescente inadaptado, uno de los temas favoritos del cine español junto a la guerra civil, Gracia Querejeta vuelve a demostrar su gran habilidad para sacar partido dignamente de una historia que podría haberse quedado en una burda colección de estereotipos. Huérfano de padre, Jon (Arón Piper) es un chico con aires de incomprendido a punto de cumplir 15 años al que su madre (Maribel Verdú), actriz sin trabajo, envía a convivir con su abuelo ex militar (Tito Valverde) para intentar enderezarlo. Sin embargo, la tendencia del chaval a juntarse con malas compañías, terminará por ocasionar terribles consecuencias.

La propuesta de la directora madrileña tiene el inconveniente de partir de un material con demasiados elementos conocidos. No obstante, el guión es lo bastante eficiente como para no caer en la previsibilidad, la sensiblería o la inverosimilitud. La peripecia de Jon, gamberro pero con buen corazón, avanza con inteligencia por caminos más o menos convencionales, hasta que la película da un interesante giro al thriller, que le otorga una naturaleza muy peculiar.

La pandilla de jóvenes actores, correctos y muy convincentes, curiosamente, resultan al final menos interesantes que los matizados y más complejos personajes adultos. Es por eso que, una vez Tito Valverde toma las riendas del filme, el argumento gana en interés y calidad narrativa. Apoyada sobre diálogos muy cuidados, 15 años y un día es un ejemplo de cómo hacer las cosas bien sin necesidad de romper moldes. Tierna, emocionante, dura por momentos, pero gratamente realista, se acerca a la perfección, dentro de sus limitaciones. Y salvo un flashback explicativo algo mecánico y algunos momentos excesivamente teatrales, su exposición del relato es ejemplar en cuanto a modestia, belleza y honestidad.

Recomendado para amantes del buen cine español, social y realista.
No recomendado para los que el ritmo de la vida les parezca un compás demasiado lento.

5 de enero de 2014

Surrealismo a toneladas

La espuma de los días (L'écume des jours, 2013)

Dirección: Michel Gondry
Guión: Michel Gondry y Luc Bossi
Intérpretes: Audrey Tautou, Romain Duris, Gad Elmaleh, Omar Sy.
Fotografía: Christophe Beaucarne
Música: Étienne Charry

La adaptación de una novela como La espuma de los días, escrita por Boris Vian en 1947, era una gesta cinematográfica solo al alcance de la imaginación de unos pocos artesanos como Terry Gilliam, Jean-Pierre Jeunet o el propio Gondry; finalmente, el único que ha tenido la osadía de llevarla a cabo. Calificada por muchos como adaptación imposible, el director de La ciencia del sueño (2006) ha optado por el máximo respeto y la literalidad, trasladando a imagen prácticamente todo lo que se menciona en el libro. El resultado es un impresionante trabajo de dirección artística basado en la poderosa inventida de Gondry y su habilidad con el stop motion y las manualidades. 

Sin embargo, asistir a tal despliegue de surrealismo, en el que, prácticamente, en cada plano se realizan actos imposibles con absoluta normalidad, deja al espectador fuera de juego la mayor parte del visionado. No hay tiempo para digerir la belleza y el ingenio de cada detalle que se nos muestra. Gondry ha preferido no descartar nada, quizás por un miedo exagerado a traicionar el material. De esta manera, el filme se ahoga en una rebosante colección de ocurrencias, muchas de las cuales acaban pasando desapercibidas por exceso de información.

Entre el espíritu festivo de George Meliès y la melancolía de Spike Jonze, probablemente, ésta sea la película más ambiciosa de Gondry. Y, de hecho, si juzgamos estrictamente la traslación de las palabras a la pantalla, es, sin duda, su mejor trabajo. O, por lo menos, el más arduo. No obstante, la cinta, al proponer una solución visual a cada una de las ideas de Boris Vian, elimina todo espacio para la imaginación del espectador. Todo y con eso, es imposible terminar el visionado y marcharse con las manos vacías. Afortunadamente, algunas de las secuencias llegan a calar muy hondo; sobre todo, en el tramo final, tan oscuro, hermoso y desesperanzado como, a veces, la propia vida.

Recomendado para curiosos y/o amantes de los universos de Vian y Gondry.
No recomendado para mentes racionales con tendencia a la depresión.

27 de diciembre de 2013

Dilatar el cuento

El Hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug, 2013)

Dirección: Peter Jackson
Guión: Peter Jackson, Philipa Boyens, Fran Walsh y Guillermo del Toro.
Intérpretes: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt, Aidan Turner, Ken Stott, Orlando Bloom, Evangeline Lilly, Cate Blanchett, Benedict Cumberbatch, Stephen Fry.
Fotografía: Andrew Lesnie
Música: Howard Shore

Tras la gran rentabilidad económica que supuso la saga de El señor de los anillos, sumada al beneplácito de la crítica y los fans y el reconocimiento de la industria que otorgó 11 premios Óscar a su tercera entrega, parecía inevitable que fuera Peter Jackson (y no otro) quien se encargara de la adaptación cinematográfica de la otra novela de Tokien: El Hobbit. De esta manera, cuando Guillermo del Toro abandonó el proyecto cansado de los retrasos de producción por los problemas económicos de MGM y volvió a las manos de Jackson, el ciclo pareció cerrarse de la manera adecuada. Sin embargo, una vez estrenada la segunda parte de lo que quizás nunca debió ser una nueva trilogía, empieza a parecer que al director neozelandés le ha superado la responsabilidad y, sobre todo, la presión de tener que repetir una jugada maestra con un material que, ya de entrada, la hacía irrepetible.

El Hobbit: La desolación de Smaug es, como fue su predecesora, un relato inflado que sostiene sobre muy pocos elementos el metraje excesivo de lo que parece más una recopilación de escenas descartadas de El señor de los anillos que una nueva historia con entidad propia. Entretenida por momentos, la obsesión mercantil de venderla en formato alargado ha perjudicado el ritmo de una historia que contiene muchos más complementos que una genuina trama central. De los 160 minutos de duración, solamente la pelea contra las arañas, la fuga de la fortaleza élfica y el enfrentamiento final contra el dragón son secuencias de interés narrativamente imprescindibles; el resto es pura paja mainstream, tan vistosa como intrascendente.

Ahora solo queda esperar las sorpresas que nos deparará el episodio final. Y digo sorpresas puesto que, aparentemente, se han gastado ya todos los cartuchos y no sabemos de qué trucos se servirá Jackson para alcanzar el minutaje requerido de la última entrega. Agotado el argumento de El Hobbit y los otros relatos de Tolkien que se han utilizado, probablemente se haya optado por culminar a modo de prólogo que enlace con La comunidad del anillo, dado que, sobre la aventura de Bilbo Baggins y el dragón, ya está prácticamente todo dicho.

Recomendado para adictos al universo Tolkien.
No recomendado para los que ya sintieron empacho con los excesos de El Hobbit: Un viaje inesperado (2012).

18 de diciembre de 2013

Sexo, glamour y lentejuelas

Behind the Candelabra (Behind the Candelabra2013)

Dirección: Steven Soderbergh
Guión: Richard LaGravenese (a partir del libro de Scott Thorson)
Intérpretes: Michael Douglas, Matt Damon, Dan Aykroyd, Debbie Reynolds, Rob Lowe, Scott Bakula.
Fotografía: Steven Soderbergh
Música: Marvin Hamlisch


Ahora que ya hace unos años que se dice que en la televisión es donde se hace el mejor cine (en relación a la alta calidad de muchas series), era un paso lógico e inevitable que las estrellas de Hollywood, de la mano de grandes directores, optaran por los telefilmes como alternativa real a la ficción en pantalla grande. Producida por la HBO, Behind the Candelabra es uno de los casos más recientes que además viene avalado por la proeza de haber sido seleccionada para participar en el Festival de Cannes; certamen en el que Steven Soderbergh ganó la Palma de Oro por Sexo, mentiras y cintas de vídeo (1989).

La película narra el viaje sentimental de Scott Thorson, amante secreto del célebre pianista y exuberante estrella de la televisión conocido como Liberace. Interpretados por unos muy inspirados Matt Damon y Michael Douglas, respectivamente, los personajes encarnan el ostentoso testimonio de las últimas estrellas concebidas al estilo clásico, con la hortera escenificación de sus falsas vidas. Un mundo de plumas, joyas y lentejuelas relatado por Soderbergh con cínismo y cierta crueldad, rozando, a veces, la exageración, pero también con humor y momentos de gran ternura. La evolución del personaje de Matt Damon, en especial, resulta lo más cautivador de la historia: de oportunista cuerpo del deseo a sufrido enamorado con miedo a perderlo todo.

Behind the candelabra es el retrato del fin de una era mucho más ingenua y desenfadada, y el relevo a unos tiempos más oscuros por la irrupción de las drogas, la cirujía estética y el sida, y su consecuente bajada a los infiernos. Junto a la prodigiosa interpretación de sus protagonistas, de la que ni sobra amaneramiento ni le falta audacia, brilla la de unos secundarios de lujo, entre ellos el personaje del agente (Dan Aykroyd) y el de la madre de Liberace (Debbie Reynolds), simplemente deslumbrantes. Son ellos el broche de oro de esta cinta que, precisamente, de oro va sobrada y que demuestra que Soderbergh sigue siendo un director atrevido e interesante del que deseamos no cumpla, por el momento, sus constantes amenazas de retirarse de la industria del cine.

Recomendado para filogays y amantes de los excesos del lujo (y su lado oscuro).
No recomendado para puritanos, homófobos y enemigos del género biopic.

11 de diciembre de 2013

Monstruos para niños

Monstruos University (Monsters University, 2013)

Dirección: Dan Scanlon
Guión: Robert L. Baird, Daniel Gerson y Dan Scanlon (basado en los personajes creados por Pete Docter y Andrew Stanton). 
Intérpretes (voces): Billy Crystal, John Goodman, Steve Buscemi, Joel Murray, Helen Mirren, Alfred Molina.
Música: Randy Newman

Después de tantos años de ofrecernos obras maestras de la animación y guiones de una originalidad y solidez asombrosos, resulta difícil aceptar que Pixar haya hecho una película tan poco arriesgada como Monstruos University. Que la filial de Disney no es infalible es algo que ya empezamos a intuir con Cars (2006) y, algo menos, con Los increíbles (2004). Lo que no imaginábamos es que de un universo tan rico, divertido y enloquecido como el de Monstruos S.A. (2001) pudiera nacer una precuela tan acomodada e infantil como ésta; y más teniendo en cuenta  la complejidad y sofisticación de otras continuaciones como las de Toy Story (1995). 

El argumento de Monstruos University viaja atrás en el tiempo para mostrarnos los años de facultad de los (todavía) carismáticos Mike y Sullivan, homenajeando las comedias universitarias tan populares en el cine americano de los 80. La cinta, en realidad, funciona a la perfección y no se le puede recriminar ni un solo defecto narrativo. Además, es muy graciosa, entretenida y construye una galería de pintorescos personajes secundarios que, probablemente, sean su mejor hallazgo. El problema es que la historia se apoya demasiado en los convencionalismos del género y utiliza los clásicos recursos de manual del buen guionista, por lo que termina por ser demasiado previsible.

Así, el paso atrás en la vida de los personajes provoca también una simplificación de lo que ya teníamos en la película original. No aporta nada que no conociéramos, al contrario, nos muestra algo menos de lo mismo, por lo que la decepción era inevitable. Sin embargo, todo esto no quiere decir que haya que perder la esperanza respecto al futuro de Pixar. Seguro que volverán atreverse con asombrosos experimentos como Wall-e (2008) o Up (2009), aunque, por algún motivo, esta vez, han decidido optar por complacer solo a los más pequeños. 

Recomendado para quienes disfruten de la sola presencia de Mike y Sullivan.
No recomendado para los admiradores más exigentes de Pixar.

8 de diciembre de 2013

Terror metalingüístico

La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2011)

Dirección: Drew Goddard
Guión: Drew Goddard y Joss Whedon
Intérpretes: Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Fran Kranz, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Anna Hutchison, Jesse Williams, Brian White, Sigourney Weaver.
Fotografía: Peter Deming
Música: David Julyan


Algunos géneros, como el terror o el fantástico, a base de autorreferenciarse compulsivamente, construir sobre clichés auténticas mitologías y generar variantes como el slash o el gore, han terminado anquilosados en terrenos donde cada vez resulta más difícil innovar. En los 90, Wes Craven daba con Scream (1996) una sana y necesaria vuelta de tuerca a los mecanismos instaurados por las películas de miedo y la serie B durante los años 80. El célebre filme escrito por Kevin Williamson, por primera vez, situaba a espectadores y personajes a un mismo nivel convirtiendo los tópicos en guiños humorísticos que jugaban a favor de la historia. Pasados 15 años, La cabaña en el bosque se presenta como esa segunda renovación que empezaba ya a echarse en falta.

A medio camino entre la parodia y el homenaje, la historia parte de un argumento prácticamente idéntico al de Posesión infernal (1981) para, a mitad de metraje, transformarse en una original reflexión cómica sobre las diferentes formas del miedo de la cultura popular más reciente. Ese inesperado giro, con ecos a El show de Truman (1998), no solo demuestra una gran inteligencia, sino también un conocimiento y dominio absolutos de las reglas del juego. 

La elección de los actores es perfecta para esos roles estereotipados (especialmente Chris Hemsworth) que tan graciosos resultan en este contexto. De esta forma, se consigue una mayor complicidad con el público que disfruta tanto en el reconocimiento de todas las alusiones, como de las variantes que se proponen y, por supuesto, del clímax final en el que parece iniciarse una nueva (y definitiva) forma de horror posmoderno.

Dirigida por Drew Goddard (productor de Lost) y producida por Joss Whedon (creador de Buffy la cazavampiros y director de Los vengadores), pasará a ser, desde ya y sin discusión, un nuevo referente del género; esta vez, además, muy difícil de superar.

Recomendado para fanáticos del terror y todas sus variantes. 
No recomendado para los que no acepten (por retorcidas) nuevas reinvenciones del género.